Cuando nada pasa

Cuando nada pasa
Generalmente
escribo acerca de lo que me pasa o he aprendido en los días pasados.
Como última instancia recurro a hablar acerca de aquello que en otro
momento, mucho antes, Dios mostró en vida. Pienso que hoy
es uno de esos días en que tendré que recurrir a este último recurso…
o bien puedo reflexionar acerca de esto mismo: ¿qué pasa cuando nada
pasa? Aunque suene a un trabalenguas, cuando nada pasa es que algo está
pasando.

Cuando no se qué escribir recurro a algo que ya sabía,
porque tristemente no he aprendido nada recientemente. Y aquello que
sé, lo he aprendido porque no sólo lo he leído sino que lo he palpado en
mi vida, en algún momento de tristeza, de alegría, de duda, de
incertidumbre, de desesperación…

Es probado que el proceso de
asimilación de conocimientos se asegura en un 90% cuando involucramos la
escucha, el diálogo, la lectura y la experimentación. Entonces, ¿Qué
ha fallado en mí? ¿La lectura?, ¿el diálogo? ¿El separar un espacio para
escuchar Su Voz? ¿O es acaso que no lo llevado conmigo a mi trabajo, a
mi ámbito familiar o con mis amigos?

Muchas veces nos sentimos así, que han pasado los días y no hemos reparado en la rel
ación con nuestro Papá. Podemos sentirnos como expresa esta poesía:

Dualidad
Camino a tu lado
Pero no te miro
Hablo de Ti
Pero no hablo contigo
Digo a los otros lo que Tú haces
Pero dudo que lo hagas conmigo

¿De qué sirve la fuente si le falta el agua?
¿Qué es este cuerpo si le falta la vida?
Extraña dualidad:
Hablar del Pan
Mientras estoy hambrienta
Enseñar en el camino
Y sentirme perdida
Nombrar la Verdad
Y estar engañando
Saber dónde fluye la vida
y estar como muerta
Sacúdeme Señor,
Para que yo despierte.
Paulina Farfán

Si
alguien hoy me pregunta acerca de Dios, puedo hablar de Él, porque lo
he conocido, aunque no precisamente pueda referirme a mi encuentro con
Él en estos días en que nada ha pasado…

Lo único que puedo hacer
es repetir esta oración, sacúdeme Señor, para que yo despierte y
pueda experimentarte cada día, pueda aprenderte cada día, pueda encontrarte y responder
a tu Voz que me llama y me dice que me esperas, que amas, y que otra
vez, me esperas.

¡Sacúdenos Dios mío! si hemos permanecido dormidos, si hemos vivido esta dualidad de ser sin Vos, de ser sin Vida .

Él
tiene tanto, tanto para darnos y nosotros preferimos seguir
alimentándonos de migajas. El tiene cosas grandes y ocultas que aún no
conocemos y nosotros decidimos mirar hacia otro lado o permanecer
ciegos.
¡Sacúdenos Dios mío! ¡Despiértanos!

Y la promesa resuena: Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. Jeremías 29:13

Cuando nada pasa, necesitamos que Dios nos sacuda y nos despierte, para que todo vuelva a pasar.

Equipo de colaboradores del Portal de la Iglesia Latina
www.iglesialatina.org
meryrued

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