Actitud distinta

 

Hoy encontré esta cita:El escritor, muchas veces, es como un caballo de carreras que ha perdido su jinete y ya no sabe porque está corriendo ni dónde está la meta y, sin embargo, se le exige seguir corriendo aunque no sepa ni hacia dónde ni por qué razón.” (Antonio Gala)

 

Y la verdad me hizo mucho sentido.  Hay días en los que como hoy solo quisiera escribir y escribir hasta sentir que no me queda nada por dentro.

 

La semana pasada no fue fácil.  Me “dediqué” a estar preocupada por varios asuntos, que si me preguntan y les digo la verdad, no los podía resolver en aquel momento ni ahora.

 

Soy de las que creo que la vida te da señales.  En realidad para mi no es la vida… es Dios.  Pero ustedes entienden.  El punto es que desde el domingo he estado recibiendo mensajes a mi correo electrónico de las personas más inesperadas sobre la paz y la confianza en el Señor.

 

Una de las historias que más me tocó es la de este niño en el aeropuerto que espera el anuncio para abordar el avión.  Cuando por fin escucha el tan esperado aviso, sube solito, se abrocha el cinturón y espera paciente el momento del despegue.  Las personas a su alrededor lo obseran en silencio.  Al despegar el avión, todos observan al niño para ver si este da alguna señal de temor.  Pero lo ven mirando tranquilamente hacia el exterior por la ventanilla. Los demás pasajeros al ver su reacción se asombran, pero continúan sin decirle nada.  A mitad del vuelo, ocurre una gran turbulencia.  El avión parece una hoja sacudida por el viento. Al parecer hay mucha nubes, el clima no es favorable.  Sin embargo, mientras todos están asustados y temerosos, el menor continúa asomado por la ventana, como si la situación fuera la más normal del mundo.  Una señora que estuvo pendiente de él durante todo el camino le pregunta: “oye niño, ¿no estás asustado? ¿no te da miedo la turbulencia? A lo que el niño responde, con un simple “no”.  Ella asombrada por su actitud insiste en preguntarle: “¿estás seguro?” a lo que el niño responde (me imagino yo con una sonrisa y lleno de orgullo) “no tengo miedo, mi papá es el piloto”.

 

Cuando leí esta historia, la verdad es que me dio cierta vergüenza y trizteza.  Muchas veces no deposito toda mi confianza en Dios, quien es el que verdaderamente va conduciendo mi vida.  Pienso que tal vez, el origen de todo el temor es cuando quiero ser yo, la que maneje el avión. Se me olvida que es El quien tiene el poder de calmar la tempestad, es a El a quien los mares y los vientos obedecen.

 

Mis pensamientos del día de hoy, quisiera cerrarlos con una cita de otro mensaje que recibí de una persona que hace tiempo no me escribía.  Me lo enviaron en inglés, así que haré todo lo posible por hacer una traducción fidedigna.

 

Dice más o menos así: No te preocupes por lo que pueda pasar mañana.  Si temes hoy por algo que pueda ocurrir mañana y no ocurre, te habrás preocupado en vano.  Pero si llegase a ocurrir eso que temías te habrás preocupado el doble.

 

Existe una diferencia muy grande entre lo que es prepararse para un acontecimiento futuro y vivir preocupada por él.  En mi caso, quiero ser como el niño de la historia, el cual durante todo el viaje permaneció a la espectativa de cómo su Padre manejaría la situación.  Eso no significa que no usaré el cinturón de seguridad en el avión, significa que mi actitud durante la turbulencia será distinta.  "Al buen entendedor, pocas palabras bastan."

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