¿Qué Es el “Pecado de Muerte”?

¿Qué Es el “Pecado de Muerte”?
Se puede leer en cuanto al “pecado de muerte” en 1 Juan 5:16. Considere el contexto:
Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho. Si alguno viere a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida; esto es para los que cometen pecado que no sea de muerte. Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se pida. Toda injusticia es pecado; pero hay pecado no de muerte (vss. 14-17).
Este pasaje es causa de mucho debate. Muchos atribuyen erróneamente el “pecado de muerte” al “pecado imperdonable” (cf. Marcos 3:22-30; Mateo 12:22-32). Algunos dicen que hace referencia al pecado que da como resultado la muerte física, como en el caso de Ananías y Safira (Hechos 5:1-11). Y otros creen que Juan estuvo haciendo referencia a crímenes civiles por los cuales el ofensor es sentenciado a muerte.
Juan no estuvo haciendo referencia a un pecado específico, sino a una clase de pecado. ¿Qué clase de pecado?
Juan escribió mucho en cuanto al pecado en su epístola, así que no hay necesidad de ir a otro libro para encontrar la respuesta. En 1 Juan, aprendemos que todos somos susceptibles al pecado (1 Juan 1:8; cf. Romanos 3:23). Pero aunque pecamos, si confesamos nuestros pecados (1 Juan 1:9) mientras demostramos activamente un espíritu penitente ( Lucas 18:9-14), la sangre de Jesús continua limpiándonos de todo pecado (1 Juan 1:7), y Cristo aboga por nosotros ante el Padre (1 Juan 2:1).
Sabemos que el Señor perdonará cualquier pecado que el cristiano confiese (1 Juan 1:8). Pero hay un pecado que el Señor no perdonará—a saber, el “pecado de muerte” (1 Juan 5:16). Por tanto, el “pecado de muerte” es simplemente un pecado del cual el cristiano rechaza arrepentirse y el cual no confiesa.
Al acercarnos con confianza al Padre en oración, pidiendo cualquier cosa según Su voluntad (1 Juan 5:14-15). Pero orar a Dios para que perdone a un hermano que no se arrepiente y confiesa su error es pedir a Dios que haga algo en contra de Su propia voluntad. Orar para que Dios perdone a un hermano impenitente no tiene sentido como pedir que Dios perdone a un incrédulo que se no se arrepiente y es bautizado para la remisión de sus pecados (cf. Hechos 2:38; 22:16, etc.).
Si el pecado es público, entonces se debe admitir el pecado públicamente.
Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho (Santiago 5:16).
Guy N. Woods ofreció la siguiente declaración breve:
Al responder la pregunta, “¿Qué es el pecado de muerte?”
Por este “pecado de muerte” es una disposición del corazón, una perversidad de actitud, y una indisposición de mente que no reconoce el pecado personal y que rechaza dejarlo. ¡Esta actitud cierra eficazmente la puerta del cielo! (Woods, 1976)
Wlliam Barclay nos dice que “el pecado que va hacia la muerte” (como el traduce literalmente la frase), es terrible no tanto por lo “que es en sí mismo sino dónde termina sí uno persiste en el”.
Luego hace diferencia entre dos clases de pecadores, los que “pecan contra su voluntad”, y los que “pecan deliberadamente”. Los primeros están “dentro de la esfera del perdón”, pero para los segundos “la idea del arrepentimiento no puede entrar en sus cálculos”.
“El pecado de muerte es el estado de la persona que ha escuchado el pecado y se ha negado a escuchar a Dios tan a menudo que ama su pecado y lo considera la cosa más normal y agradable del mundo”.
Hay diferencia entre la oración que hacemos por nosotros mismos y la oración que hacemos por los demás. De manera que “cuando se trata de una tercera persona, debemos recordar que ella también tiene una voluntad. Si se niega a arrepentirse, todas nuestras oraciones y toda la obra que Dios pueda hacer y que nos induzca a hacer no forzará esa voluntad. Cuando Dios prefirió no forzar al hombre a permanecer sin pecado, también renunció al poder de obligar a un pecador a arrepentirse.
“Esto no significa que no debemos seguir orando por los que se han apartado de la senda de justicia, o que nunca se han entregado al Salvador. No significa que no habrá muchas conversiones notables como resultado de las oraciones frecuentes y fervientes por los fieles. Lo que Juan está señalando es que es inútil orar pidiendo perdón por un pecador que se niega a arrepentirse de su pecado. Pero mientras la persona tenga vida debemos continuar orando, pues no podemos saber con certeza cuándo una persona se ha alejado definitivamente de Dios”.
Un principio básico en cuanto a la oración es el orar conforme a la voluntad de Dios. Esto no tiene nada que ver con recitar la frase: En el nombre de Jesús, al final de una oración. Orar conforme a la voluntad de Dios significa tener un claro discernimiento de qué es lo que Dios quiere, más no lo que yo quiero, y pedir a Dios conforme al deseo de Dios no conforme a mi deseo. A veces, lo que yo deseo no es lo que Dios desearía. Muchos de mis deseos están fuertemente influenciados por mi naturaleza pecaminosa y de ninguna manera pueden ser la voluntad de Dios. Yo podría orar que Dios haga descender fuego del cielo sobre mis enemigos para consumirlos, tal cual como desearon los discípulos de Jesús cuando una aldea de samaritanos se negó a recibirles, pero eso no es la voluntad de Dios y Dios negará una petición de esa naturaleza. Si queremos que nuestras oraciones sean respondidas afirmativamente por Dios, es imperativo que esas oraciones sean hechas conforme a la voluntad de Dios. De otra manera no serán respondidas afirmativamente por Dios. Esta es la enseñanza central del pasaje. El apóstol Juan quiere dar un ejemplo de lo que acaba de enseñar, y es allí justamente donde entra este asunto del pecado de muerte.
Por consiguiente, parece razonable entender el “pecado que conduce a la muerte” como el “pecado imperdonable” (Mat. 12:31), un pecado que por defecto, sólo Dios sabe cuándo es cometido por alguien y que no consiste sencillamente en un acto aislado. Si una persona resiste indefinidamente la obra de convicción del Espíritu Santo “la idea del arrepentimiento no puede entrar en sus cálculos”.

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EL MISTERIO DE LA PROVIDENCIA

EL MISTERIO DE LA PROVIDENCIA
John Flavel (c.1627–1691)
“Clamaré al Dios altísimo, al Dios que me favorece.” Sal.57:2 (La idea del hebreo es: al
Dios que obra todas las cosas para mí.)
Hay dos maneras en que Dios se manifiesta a nosotros, por su Palabra y por sus obras. La
gran gloria de las obras de Dios en la creación y en la providencia consiste en que
confirman lo que El ha dicho en su Palabra escrita.
Hay un gran deleite para el pueblo de Dios en observar la providencia divina. La
providencia no solo les lleva al cielo, sino también, trae el cielo a sus corazones ahora. El
más sabio Dios dirige todo providencialmente para su propia alabanza y la felicidad de su
pueblo, aunque todo el mundo esté ocupado moviendo sus velas y remando en una
dirección contraria a los propósitos de Dios. Es un enorme placer fijarse en como el mundo
lleva a cabo los propósitos de Dios oponiéndose a ellos; como hace su voluntad
resistiéndola; como multiplica su Iglesia esparciéndola.
Hay goces en la vida cristiana que son demasiado grandes para ser descritos. Entre éstos se
encuentra el deleite de estudiar la providencia divina en nuestra propia experiencia
personal. Pruébalo por tú mismo, gústalo y verás. No se necesitará más persuasión.
“Clamaré al Dios altísimo, al Dios que obra todas las cosas para mí.” (Sal.57:2).
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… La providencia está estrechamente relacionada con la oración. Cuando Dios nos
guía a pedirle algo en oración y nos contesta, es como si la providencia estuviera guiada por
nuestras oraciones.
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La mejor manera para gozar de la paz y la tranquilidad mental consiste de obedecer la
Palabra escrita y encomendarnos en todo lo que le concierne al Señor. (Salmo 37:5-7;
Proverbios 16:3) No estoy diciendo que los creyentes nunca estarán afligidos. Tampoco
afirmo que Dios siempre castiga cada pecado de inmediato. (Si lo hiciera así, ¿Quién podría
mantenerse? Salmo 130:3) Pero lo que afirmo es esto: Cuando Dios disciplina a sus hijos lo
hace en su misericordia. Por medio de tales providencias, tanto las amenazas como las
promesas de la Palabra de Dios son cumplidas.
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Debemos ver también a Dios en las providencias tristes. Vea la gracia y la bondad de Dios
en todos los acontecimientos tristes. Aún en los momentos más oscuros podemos ver dos
clases de la bondades de Dios: Primero, misericordia en no acabar con el mundo; y
segundo, misericordia en preservar a su pueblo para el mundo venidero. Entonces vea la
sabiduría de Dios en todas sus aflicciones. La duración y la cantidad del sufrimiento son
tales que no lo dejan a usted desamparado. Vea estas cosas y hágase la pregunta que Dios
hizo a Jonás: “¿Te enojas tanto por la calabacera?” (Jon. 4:9) La fidelidad del Señor
significa que no fallará en disciplinar cuando fuera necesario, ni desamparará a su pueblo
mientras que la aplica. (1 Ped. 1:6 y 2 Cor.4:9) ¿No puede ver usted más en Dios, que en
cualquier persona o cosa que hubiera perdido? El es la Roca de la eternidad, “El mismo
ayer, hoy y por los siglos.” (Heb.13:8) Podría ser que dos o tres días hayan efectuado un
cambio triste en sus circunstancias; pero Dios es todavía el mismo de siempre, el tiempo no
hace ningún cambio en El. “Se seca la hierba, se marchita la flor; mas la palabra del Dios
nuestro permanece para siempre.” (Isa. 40:8)
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Aunque los creyentes viven en
medio de muchos problemas, no obstante con mentes quietas se guardan a sí
mismos en el silencio de la fe como si estuvieran dormidos. Esta actitud de
sumisión a Dios hace al espíritu del hombre apto para la comunión con Dios, y
acerca más las bendiciones. Entonces, ¡no más remordimientos, quejas y
argumentaciones! Póstrate quietamente a los pies de tu Padre, y di en toda
circunstancia y tiempo: “sea hecha la voluntad de Dios”.
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http://www.iglesiareformada.com/Flave_Misterio_Providencia.pdf

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El nacimiento, obra , muerte y resurrección de Cristo

El nacimiento, obra , muerte y resurrección de Cristo Jesús son el mayor acontecimiento en favor del ser humano escrito y vivido en la historia del hombre/mujer. La invitación de un Dios invisible a vivir en esperanza más allá de lo que comprendemos, es  todavía el misterio más preciado que tenemos como regalo y acompañamiento en los días de inseguridad, tristeza, soledad y dolor. La insistencia de Dios por medio de la persona de Jesucristo es siempre el mejor regalo de navidad.
Que el Dios todo poderoso encarnado en la persona de Jesucristo se revele en compañía , seguridad , Fe y confianza estos días finales del 2017 para proyectar un 2018 lleno de amor, expectativas y bondad para con los que te rodean.
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Mi Cabaña

Este es uno de sus poemas:
Mi Cabaña

Señor y dueño mio,
cuando las sombras bajan y se recuesta agonizar la tarde,
en la vertiente azul de la montaña,
y el aire está cuajados de silencios,
y se me va quedando sola el alma,
Ven a mi,
te convido a que en mi pobre corazón hagas morada.

Entra Señor,
más ruegote no mires como es oscura y fria mi cabaña,
en mi fogón ya solo quedan las cenizas,
y ni siquiera aceite hay en mi lampara,
Más Tu, que eres mi Luz y eres mi Fuego,
en lampara y fogón harás arder tu llama.

Entra Señor,
y aquí junto a la puerta deja que te descalce las sandalias,
y que los pies llagados por mi culpa, te lave con mis lagrimas,
y que enmoheció de besos trueque, 
lo oleos y perfumes que me faltan.

Puesta la mesa está, pero vacía,
ya lo ves mi Señor, no tengo nada,
solo podría compartir contigo mi sed, mi hambre mi pobreza máxima,
Pero se que en tu alforja me traes el pan,
y el vino y la sal y el agua.

Delo tuyo me das, pues todo es tuyo,
Delo tuyo te doy, pues mio es nada.
Tu eres mi huésped, anfitrión y cena, tu mismo te me entregas como dádiva.
Tu mismo Pan de Vida, Vino Eterno, Cuerpo y Sangre que me alimenta, que me salva.
Y tras el Santo y Redentor, quédate mi Señor,
no te me vallas, me sentaré a tus pies humildemente,
yo que soy nada para seguir viviendo con tu vida,
y siendo con tu Ser y con tu Gracia.

Colma de tu presencia, dueño mio, 
esta del corazón, pobre cabaña,
ya para siempre tuya,  
pues la tiene con tu dolor y con tu amor, ganada.

Autor: Rodolfo Loyola
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La disputación de Heidelberg (1518) Martin Lutero

La disputación de Heidelberg (1518) Martín Lutero
La he titulado “La disputación de Heidelberg” porque éste es el nombre con el que aparece en las traducciones españolas. También podría llamarse “La defensa de Heidelberg”. Está escrita en forma de Tesis. El 26 de Abril de 1518 en la Universidad de la ciudad alemana de Heidelberg, se celebró un debate académico. Martín Lutero, como monje Agustino, tenía que defender sus puntos de vista. En principio las pretensiones de Roma era que desarrollara sus tesis sobre las indulgencias; sin embargo, el tema de su discurso fue otro: no las obras, sino la Fe es lo que mueve la Gracia de Dios.

A pesar de que Lutero fue desaprobado por los profesores de Teología obtuvo un gran éxito entre los estudiantes y muchos de los oyentes fueron posteriormente importantes figuras de la Reformación. (Fuente: wiki alemana)

Tanto en este caso como en los anteriores, he utilizado los escritos publicados en alemán. (“Die reformatorischen Grundschriften” in vier Bänden. Neu übertragene und kommentierte Ausgabe von Horst Beintker, dtv Bibliothek. September 1983, München)

La traducción al español de “La disputación de Heidelberg” se encuentra en formato Pdf en Internet.
Ruego encarecidamente a mis lectores la lectura del documento de Lutero. A pesar de tratarse de un documento muy breve, el contenido es enormemente enriquecedor.

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Exposición

Lutero comienza afirmando, apoyándose en citas de San Pablo y de San Agustín, que la Ley de Dios, la más santa enseñanza de la vida, no conduce al hombre a la justicia, más bien constituye un obstáculo. Por su parte, las obras humanas tampoco lo consiguen. Aunque vistas desde afuera reluzcan, están corrompidas en su interior. En efecto: si el hombre no consigue llegar a la justicia con la ayuda de la Ley de Dios ¿cómo lo va lograr él solo apoyándose únicamente en sus propias fuerzas?

La conclusión de Lutero es que las obras del hombre nunca están libres de pecado. Puesto que el hombre es imperfecto, sus obras también lo son. Cualquiera que esté contento de sus obras, comete pecado de orgullo y enciende la cólera divina.

Lutero fundamenta su posición demostrando la imperfección de tres tipos de obras:

a) Las obras que los justos realizan.

b) Las obras surgidas del esfuerzo de la voluntad.

c) Las obras en las que los teólogos consideran que ha actuado la mano invisible de Dios.

a) El hecho de que hayan sido realizadas por los socialmente considerados hombres justos no las convierten en mejores. Primero porque incluso ellos pecan siete veces al día y segundo, porque una cosa son las apariencias y otra, muy distinta, la intención.

b) En cuanto a la libre voluntad, Lutero la considera sinónimo de esfuerzo personal. En su opinión este esfuerzo es siempre activo cuando se trata de pecar. Aquéllos que se empeñan en esforzarse hasta donde su voluntad alcanza, pecan doblemente. Ello no significa, sin embargo, que haya que caer en la ociosidad ni el desaliento.

El llamamiento de Lutero es un llamamiento a la humildad y a confiar única y exclusivamente en la Gracia de Cristo.

c) Lutero se opone a los teólogos que ven en sus obras la acción de la mano invisible de Dios. En realidad, la mano invisible de Dios, afirma Lutero, es Su Fuerza, Su Divinidad, Su Sabiduría, Justicia, Bondad.. y el reconocimiento de todo ello no hace a nadie ni más digno ni más sabio.

Lutero distingue entre los teologos de la Magnificencia o de la Gloria y los teólogos de la Cruz.

Los teólogos de la Gloria, dice Lutero, llaman a lo bueno, malo y a lo malo, bueno. Están inflados de orgullo y cegados por sus propias obras. Justo porque no conocen el valor de la Cruz y la odian, anhelan lo contrario: la sabiduría, la Fama, el Poder, etc.

En cambio, los teólogos de la Cruz, llaman a las cosas por su nombre. Ello es así porque sólo después de haber padecido y sufrido podemos liberarnos del yo egoísta y llegar a la comprensión de que en realidad no somos nada y que nuestras obras no nos pertenecen a nosotros sino a Dios. Es entonces cuando comprendemos que no somos nosotros, sino Dios a través de nosotros quien todo lo obra y crea. Da igual que Dios lo haga con nosotros o no. El individuo que tiene verdadera Fe en Dios y que a través del camino de la Cruz ha entendido el verdadero sentido de las obras, no se enaltece ni se alaba si Dios obra y no se avergüenza si Dios no lo hace.

El único valor que Lutero aprecia para que un hombre pueda llamarse justo, es el de la Fe. Lutero ensalza el sufrimiento y la Cruz. Se trata de una Fe caracterizada por la humildad. El hombre de Fe carga con el sufrimiento y la Cruz como forma de purificación del yo egoísta y como prueba de confianza en Cristo.

El creyente, el hombre de verdadera Fe, no necesita de obras que le glorifiquen ante los hombres. Sabe que no puede enorgullecerse de lo positivo que de éstas pueda resultar puesto que el mérito no es suyo sino de Dios.Sabe también que Dios no presta atención a las apariencias sino que examina el corazón y los riñones y que resulta imposible tener un corazón limpio sin la Gracia y sin la Fe. Es consciente de que con obras o sin obras todo su ser descansa en la gracia de Cristo y que no es justo el que obra sino el que sin obras, cree en Cristo.

¿Significa esto que Lutero defiende, como él mismo ya ha preguntado, la ociosidad?

¿Acaso es indiferente hacer que no hacer?

En absoluto.

La intención de Lutero es negar el valor de la obra humana, no porque sea obra sino por su consideración de humana. En tanto que humana es necesariamente imperfecta y por tanto, todo el que se vanaglorie de sus actos, está pecando. Da igual que sea el justo, el teólogo o el hombre esforzado. Nada de estas acciones pueden ser válidas en sí mismas consideradas. Para que tengan valor cristiano y puedan ser consideradas realmente justas, es necesario que estén impulsadas por la Fe. Una Fe que ha de caracterizarse tanto por tratarse de una Fe Viva como de una Fe humilde. El que realmente cree, acepta cualquier sacrificio y no teme ningún obstáculo porque confia plena y absolutamente en Dios. Por otra parte, tampoco se alaba por ninguna de las actuaciones que otros califiquen como justas o dignas de ser ensalzadas porque es consciente de que Dios es la fuerza que opera en él y él simplemente es el operante. Según Lutero gracias a la Obra que opera, lo operante agrada a Dios. Tan pronto como Cristo vive en nosotros a través de la Fe, nos mueve Él a obrar a través de esa Fe viva. Las obras que Él mismo hace son el cumplimiento de los mandamientos de Dios y nos son regaladas por la Fe.

En cualquier caso, tengo la impresión de que Lutero mismo es consciente de la dureza de sus palabras, dirigidas a todos esos vanidosos hipócritas que utilizaban las buenas obras como medio de adquirir fama y prestigio social. Tal vez por eso, al final de su escrito, su tono se suaviza y hace un llamamiento al Amor. Lutero reivindica el amor frente al entendimiento porque este último enjuicia según las apariencias, considera importante la apariencia de los hombres y dicta su opinión según lo que el ojo le muestra. Si la Fe humana es humildad, la Gracia de Dios es Amor.

Pero ese Amor, avisa Lutero, tampoco es comparable al humano.

El Amor de Dios crea lo que ama. En cambio, el amor del hombre aparece únicamente cuando encuentra algo digno de amar. Cristo dice que no ha venido a llamar a los justos sino a los pecadores. De ese tipo es el Amor de la Cruz, nacido de la Cruz. Es mejor dar que tomar.

Conclusión y Comentario

Como ya he dicho antes, mi impresión es que la disertación de Lutero en Heidelberg iba dirigida en contra de aquéllos que actuaban sólo y exclusivamente por interés: bien fuera para enriquecerse, alcanzar prestigio social o simplemente para ser considerados como personas rectas y beatas por el resto de sus semejantes.

La primera conclusión a la que llegué después de mi lectura es que Lutero se había metido en un callejón sin salida. En efecto, la afirmación de las obras justas no servían para justificar al hombre delante de Dios sino sólo la Fe implicaban dos graves problemas.

El primero que el hombre, ser activo por naturaleza y por obligación, tenía que aceptar que sus acciones, por muy justas que fueran, no le resultarían de utilidad alguna cuando su alma se presentara ante el juicio de Dios.
La consecuencia que de ello se derivaba, por más que Lutero se opusiera a tal interpretación, era la absoluta inactividad. Posteriormente le abocó en el tema de la Predestinación, pero este tema no lo trata aquí y por tanto, nosotros no nos vamos a ocupar de él.

El segundo, que cualquier hombre amparado por la Fe podía hacer en principio lo que quisiera o incluso no hacerlo. Su Fe justificaba y amparaba cualquier acción.
La consecuencia era la caída en una actitud indolente o, peor aún, intransigente y dogmática.

Al día de hoy, sin embargo, mis consideraciones al respecto han cambiado. Es cierto que sigo convencida de que tales problemas subsisten y que ambos constituyen una excusa tanto para la apatía como para el dogmatismo moral. Pero estoy convencida de que Lutero no pretendía ni lo uno, ni lo otro. No es sólo que Lutero se oponga a la ociosidad, es que no deja de hablar de las obras. Lutero es consciente de que a una sociedad la mantienen las obras de los individuos que en ella conviven. En cuanto al dogmatismo religioso, él mismo le estaba haciendo frente.

¿Cuál es entonces la auténtica posición de Lutero respecto al significado de las obras?

Como hemos visto en los otros escritos anteriores, la preocupación de Lutero por las cuestiones sociales es una constante. A mi modo de ver, despojando a las obras de su carácter religioso las trasladaba al amparo y cuidado de la ética social. Dejándolas al cuidado de los hombres, liberaba a la religión de su yugo. La religión es espiritual y a ella corresponde única y exclusivamente la esfera de lo espiritual. Las obras humanas, en cambio, son materiales y fingiendo una bondad y una pureza que en absoluto conllevan, manchan la esfera del espíritu. Las obras imperfectas de los hombres imperfectos pertenecen a la esfera de la sociedad, tam imperfecta como los mismos hombres que la constituyen. Es a ellos, por tanto, a quienes les pertenece decidir cuándo una obra es útil o no, aceptable o no. “Al César lo que es del César y a Dios, lo que es de Dios” Las obras de Dios corresponden a Dios, la de los hombres, al César. Que el César juzgue las obras humanas, que Dios juzgará el corazón de los hombres.
De este modo, las obras de los hombres abandonan el terreno de la religión para ir a habitar los aposentos de la moral y de la ética. Las obras dejan de pertenecer a la consideración del Tribunal de la Iglesia Católica y pasan a ser asunto de la política humana. Ésta, en mi opinión, era el principal propósito de Lutero. El teólogo alemán hace un llamamiento a la confianza en Dios, a la humildad del hombre, a obrar llevado de la Fe y no del respeto social o del beneficio económico que de tales obras puedan derivarse.

En segundo lugar, la Fe libera al hombre de los prejuicios sociales, de los intereses, de las apariencias sociales. El hombre de Fe no tiene que justificar su conducta ante los otros hombres porque él solo responde con su Fe ante Dios. No se trata sin embargo de una Fe perezosa sino de una Fe viva. Esta Fe viva, sin embargo, se asienta en la penitencia y en la humildad. En este punto se muestra Lutero radical. La Fe viva nunca puede ser una Fe orgullosa, dogmática, arrogante. La Fe significa confiar en Dios, confiar humildemente y cargando la Cruz, que uno está seguro de poder sostener no gracias a sus propias fuerzas, sino porque su Fe en Dios le va a ayudar. Del mismo modo poco han de importarle a él los juicios ajenos. Él es mero instrumento de Dios. ¿Le aboca esto en el libertinaje? En absoluto, la misma Fe Viva que libera al individuo y a sus obras de la sentencia de la opinión pública, le mantiene unido a Dios y a sus preceptos.

Los argumentos teológicos que Lutero debió presentar para desposeer a las obras humanas de una consideración religiosa le condujeron en una dirección que, en mi opinión, no había previsto en un primer momento: la Predestinación. He dicho antes que no quería hablar del tema, pero no me resisto a hacer un comentario al respecto. Estoy convencida de que la Predestinación en la teología de Lutero fue más una consecuencia al que se vió arrastrado que un principio inicial de su teoría y, a mi juicio, significó -sobre todo- un carpetazo en la mesa para combatir la arrogancia de los representantes de la Iglesia Católica. Una especie de “Dios hace lo que le da la gana, porque le da la gana, cuando le da la gana, y como le da la gana”.

Lamentablemente Lutero perdió en esta lucha un gran hombre: Erasmo de Rotterdam, cuyo espíritu conciliador con la Iglesia Católica no quiso aceptar semejante consecuencia por muy necesaria que fuera para ganar la guerra. Lutero perdió a Erasmo como seguidor; no como simpatizante.

Sin embargo, en este primer momento, Lutero no ha desarrollado, como digo, esta tesis. La pregunta que plantea en la disputación de Heidelberg es:

¿Cómo puede estar seguro un hombre que alcanzará la gracia de Dios? ¿Qué es lo que mantiene a Dios unido al hombre?

El hombre no lo sabe pero lo espera. Y lo puede esperar en virtud de la naturaleza del amor divino. Como ya hemos visto, al contrario del amor humano, que aparece únicamente cuando encuentra algo digno de amar, el Amor de Dios crea lo que ama.

Isabel Viñado-Gascón

http://impactobiblico.com/wp-content/uploads/2012/03/Un-comentario-sobre-La-disputaci%C3%B3n-de-Heidelberg-por-Jonathan-Boyd.pdf

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EL ANCIANO SABIO

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EL ANCIANO SABIO

Había una vez un anciano sabio que vivía en una aldea. Todos los vecinos de la aldea le tenía gran respeto.
Siempre que seles presentaba algún problema acudían a él en busca de su consejo y dirección

En el curso de sus conversaciones, el sagaz anciano les prometió a los moradores de la aldea que él les mostraría el camino de la felicidad. Les pidió que le enviaran un representante suyo, uno que ellos creyeran que era la persona más feliz de la aldea.

Pronto aquella gente se reunió para discutir el asunto, y en breve llegaron a la conclusión de que la persona más hermosa entre ellos ciertamente tenía que ser también la más feliz. Por acuerdo unánime escogieron a una joven muy bella,y la enviaron al anciano como representante.

Después de contemplar a la bella joven, el anciano le volvio la espalda.No pronunció una sola palabra, y su silencio tuvo que ser interpretado como un rechazo definitivo.

De nuevo se reunieron los aldeanos, y esta vez decidieron que la persona más rica debía de ser la más feliz. Escogieron entonces al hombre más rico entre ellos, y lo enviaron al sabio anciano.

Viendo la segunda selección que habían hecho, el anciano se mostró en extremo descorazonado. Comenzó a caminar hacia una pradera, y algunos de ellos le siguieron de cerca. De repente se detuvo. A su lado había un pequeño llorando, con un gorrión agonizante en su mano.–¿Por qué lloras?– Le interrogó el sabio filósofo.

En medio de sus sollozos y lágrimas, el muchacho le respondió: –Me hallaba paseando por este campo. Mientras caminaba por aquí vi este gorrión.
Estaba mal herido. Hice todo lo que pude para mantenerlo vivo, pero a pesar de todo se está muriendo.

Una sonrisa de entendimiento iluminó la cara del anciano. Volviéndose a los que le seguían, aquel perspicaz filósofo les explicó: —Este es el camino hacia la felicidad: el tener compasión y amor por los demás.

Pensamiento: “Ni La riqueza ni la belleza traen la felicidad; mas el amor y la compasión son elementos vitales para hacer que una vida feliz florezca en todo su esplendor”.

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La Naturaleza del Cristianismo Bíblico

” ¿Conozco lo que es el cristianismo bíblico? ”
Una de las causas de debilidad, desaliento y ofuscación en la vida del cristiano es que no comprender LA VERDADERA NATURALEZA DEL CRISTIANANISMO BÍBLICO. No podemos practicar ni gozar lo que no conocemos. La verdadera adoración depende de la verdad , la verdad debe ser aprendida…
Un factor importante que ha llevado a mal interpretar el cristianismo es el no distinguir entre los principios bíblicos y la práctica de los mismos.
Los cristianos las iglesias no siempre practican las verdades que proclaman a la luz de las verdades que proclaman. Se debe aprender a evaluar lo que la iglesias y los cristianos proclaman a la luz de las verdades y principios enseñados por la Biblia. Muchos cristianos y personas ajenas al evangelio han quedado confundidos por enseñanzas incompletas y por práctica aun más incompleta de los principios bíblicos.
La pregunta: ” ¿Conozco lo que es el cristianismo bíblico? ”
M. Matthews d

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Rodolfo Loyola – El grano de trigo

 

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EN BUSCA DE LA VERDAD

Hoy en día, la gente anda en busca de la verdad, en buscad de lo que permanece. Está cansada y desilucionada de lo que ofre este mundo. La religiones (se llamen como se llamen),en muchos casos no han traido respuestas.
Muchas iglesias predican engaños envuelto en sus liturgias (sean cuales sean); otras ofrecen ruidos con aspecto de poder, no estan en dichos lugares la verdad.
Tambien hay iglesias o lugares de reunión, que en su espiritualidad falsa, juegan con los poderes del diablo.
Todo ello cansa a la gentes y siente un vacio o descontento en sus vidas que sólo puede llenar la presencia de Dios.
Los falsos profetas están en aumento, y la gente siguen buscando ese algo que todo ser humano necesita, que es perdon de sus pecados y la salvación de sus almas.
Nuestra posición debe ser firme en presentar el evangelio del SEÑOR JESUCRISTO, PURO Y SIN MANCHAS,SIN AGREGALE NI QUITARLE NADA…”ESTO AGRADA A DIOS”.
…”Esde es el llamado que hemos recibido”..
Para VIDA ETERNA.
Pensemos que evangelio estamos recibiendo y que evangelio estamos viviendo.
Las palabras del Señor son claras “Yo soy el Camino La Verdad y La Vida” (Jn 14:6)

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LES AYUDAN A BIEN

Por David Wilkerson

December 15, 2016

Pablo escribe: “que estamos atribulados en todo…en apuros…perseguidos… derribados, pero no destruidos” (2 Corintios 4:8-9).

“Atribulados en todo”. ¿Puedes identificarte con esta frase? Tal vez estás enfrentando dolor físico, dificultades matrimoniales, problemas financieros o relacionados con tus hijos. La vida puede ser muy abrumadora a veces.

El hecho es que, es posible estar en la perfecta voluntad de Dios y aun así sentirnos derribados a veces. Podemos caminar en el centro de su voluntad y aun así estar perplejos, tener problemas y ser perseguidos.

Algunos cristianos han enfrentado problemas de todos lados por tanto tiempo que piensan: “Esto no puede ser de Dios. Es demasiado para soportarlo. Mi sufrimiento se ha prolongado durante demasiado tiempo y me siento totalmente abandonado. El Señor quizás me está castigando por mis pecados pasados. No hay otra explicación”.

Pablo expone ante nosotros la maravillosa verdad que lo guardó de la desesperación:

“Aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día” (2 Corintios 4:16).

Oye la verdad que Pablo nos está declarando:

“Sí, es verdad que todos estos problemas y pruebas han desgastado mi cuerpo, mi carne va decayendo, pero al mismo tiempo, algo maravilloso está sucediendo en mi alma. Todas estas cosas están obrando para bien en mí, y estoy creciendo en mi conocimiento del Señor y sus caminos”.

Pablo sabía que estaba viviendo en la perfecta voluntad de Dios. Se daba cuenta de que todas sus pruebas no estaban sucediendo porque estaba bajo la ira. Por el contrario, Pablo sabía más profundamente que nunca que era muy amado por el Señor.

En resumen, Pablo había aceptado su situación y estaba aprendiendo la paciencia: “Porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa” (Hebreos 10:36).

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